Karina Quesada
Nuestra historia
El sueño comenzó mucho antes de tener un nombre
Durante muchos años mi vida transcurrió entre horarios, responsabilidades y una rutina de oficina de 8 a 5.
Estaba agradecida por mi trabajo, pero mientras veía crecer a mis hijos, también crecía algo dentro de mí: el deseo de ser dueña de mi tiempo, emprender y construir un futuro diferente para mi familia.
No sabía exactamente cuál sería el camino. Solo sabía que tenía que intentarlo.
Y lo intenté muchas veces.
Vendí por catálogo, maquillaje, ropa, zapatos y joyería. Preparé comida para vender afuera de un CINDEA (colegio nocturno). Di tutorías de español e inglés.
Algunas ideas funcionaron mejor que otras. Algunas duraron poco. Pero ninguna fue un fracaso.
Cada intento me estaba preparando para algo más grande.
Hubo una etapa que nunca olvidaremos
Durante casi cuatro años hicimos tamales en familia.
Mis hijos todavía estaban pequeños y todos ayudábamos. Nos levantábamos de madrugada y pasábamos cuatro o cinco horas entre el calor, el humo y el trabajo, preparando tandas de hasta 100 piñas de tamales.
Después venía otra parte igual de importante: salir a venderlos. Íbamos puerta por puerta, por varios barrios de Guápiles.
No siempre era fácil. Había cansancio, sacrificio y días muy largos.
Pero también había algo mucho más poderoso: estábamos luchando juntos.
Aquellos tamales no solamente ayudaron a llevar sustento a nuestra casa. Nos enseñaron que ningún trabajo digno es pequeño cuando detrás existe un propósito.
Nos enseñaron perseverancia, disciplina, trabajo en equipo y, sobre todo, el valor de una familia que decide no rendirse.
De buscar una oportunidad a descubrir un propósito
Con el tiempo llegó a mi vida el mercadeo en red. Estuve cuatro años en una compañía estadounidense, y ahí obtuve las bases que hoy me sostienen para seguir desarrollando este negocio.
Y aunque comenzó como una nueva oportunidad para generar ingresos, terminó transformando algo mucho más importante: mi manera de pensar.
Empecé a invertir en mi desarrollo personal, a descubrir nuevas posibilidades y a comprender que todo lo que había vivido podía tener un propósito mayor.
Entonces nació una pregunta:
¿Y si todo lo que yo había aprendido podía ayudar a otras mujeres a construir también su propia oportunidad?
Ahí mi sueño dejó de tratarse solamente de mí.
Comencé a sentir un compromiso especial con aquellas mujeres que, como yo alguna vez, tenían ganas de salir adelante, pero quizás todavía no sabían por dónde comenzar.
Tiempo después empezamos a importar productos de moda del exterior, especialmente de SHEIN. Pero no quisimos quedarnos únicamente con el conocimiento.
Decidimos compartirlo.
Enseñamos a decenas de mujeres cómo podían hacerlo ellas también para comenzar a generar sus propios ingresos.
Y entonces entendí algo que cambiaría para siempre mi manera de ver los negocios:
el verdadero crecimiento no ocurre solamente cuando tú avanzas, sino cuando ayudas a otras personas a descubrir que ellas también pueden hacerlo.
Hoy, cuando miro hacia atrás, entiendo que cada madrugada, cada venta, cada intento y cada dificultad formaban parte del mismo camino.
Porque este sueño no nació de la noche a la mañana.
Se construyó con trabajo, familia, fe, perseverancia y el deseo de crear oportunidades para otros.
Y esta historia apenas estaba comenzando.
Lo que cada persona logre depende de su dedicación y su esfuerzo.